lunes, 27 de diciembre de 2010

Cuarto poder

El noticiero anunciaba la muerte del Presidente de ese país. Habían decidido dejarlo en el olvido, nunca más hablar de él. Estaba muerto.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La noche

La noche es el desconsuleo de un día más. La historia que no escuché. La imagen que nunca más pasará por mis ojos. La mano que no sujeté. La vida que pasó cerca de la mía por última vez. El olor de un recuerdo que nunca volverá. Las voces de su voz. Por el tunel ya cansado jadeo y sólo se escucha el eco de mis pasos, una gotera lejana golpea sobre un muro, son las sombras del pasado canibal. Al final, soledad.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Muertos

Somos como los espejos, que de mirar y mirar, lo único que reflejan es soledad.

Esopo

Era un sendero oscuro. A lado y lado se levantan viejas construcciones prehispánicas, debilitadas por las grietas por donde caminaban insectos viscosos que amenazaban con subirse por sus pies. De la mano colgaba la furtiva hoja en la que un dios pagano había escrito un destino imaginario, de bestias y misterios, de miserias y tristezas. El aún no veía nada, contemplaba desde lejos las fábulas que un día contaría, detrás de su monstruoso rostro.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Fiesta

El cuerpo aún estaba tibio. Don Juan de la Rivera, el asesino involuntario, corría por toda la casa como un loco con el cuchillo en la mano. Acababa con los cabos sueltos que dejaba el homicidio. Los ciento cincuenta invitados a su fiesta de compromiso.

Cuestión de empleo

Recuerdo sus ojos cuando simulaba reír. La noche en que ocurrió el deceso, llevaba zapatitos rojos con un sutil moño con hebilla dorada. Sus labios precisos me habían besado mientras subía en el ascensor, la cámara fue el único testigo. Arriba en el piso 11, apartamento B, nos esperaba la familia de ella. El vestido se sujetaba con una cinta que le caía delicadamente en las nalgas y que le rozaba las piernas. Se movía al compás de su cintura.

Han pasado cuatro meses y aún lo que sé de ella se reduce a la nada. Todo fue tan confuso. Tan absurdo. Sólo recuerdo que llegué hasta la puerta del apartamento B y me fui de bruces al suelo. Desperté en el octavo infierno de Dante. Es difícil ser un personaje de novelas. Busco trabajo.