La lluvia roza la cara del miedo, y los libros agitan las hojas de lo profético. Sobre las manos reposa taciturna la mano de ella. Ya los jinetes del Apocalipsis apresuran su juicio, los siete sellos se han roto y las siete plagas desatadas y la última trompeta hace eco en el firmamento. El día de la ira, tal y como está escrito, ha llegado.
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