martes, 26 de enero de 2010

UN MAL TEXTO, UN MAL RATO

Rastros en la espalda. En el marco de la puerta todavía se apreciaba la sangre fresca, eso notó el detective sordo que seguía el caso, ya eran muchos asesinatos que guardaba en su memoria. En el suelo libros abiertos con palabras encerradas en lapicero de tinta roja, las mismas que estaban escritas con sangre en las extremidades de la víctima. Sus zapatos de charol algo viejos, que los tenía desde que había pertenecido a la policía, se ensuciaron con una sustancia viscosa cuyo olor el conocía muy bien, y que todo hombre que no sea casto también. Era un cuarto demasiado pequeño, donde había cocina, baño y cama, muchos libros debajo del único mueble, por lo menos unos doscientos, lo primero que vio fue Moby Dick, El Proceso y Una Novela en Nueve Cartas, este último lo llevó a tener tal afinidad con la víctima, pues Fiodor era su favorito y con cautela tomó el libro, una pieza escasa, de muy poca circulación.

La cara de la víctima era poco reconocible, al parecer con un vidrio se habían encargado de destrozarla, eran figuras, un lenguaje inteligible, pensó en los Sumerios, sin saber por qué, mientras tanto lo único que deseaba hacer era leer lo que había hurtado, ese pequeño libro, que después de recorrer el mundo había encontrado en la habitación en que asesinaron a su esposa.

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