martes, 26 de enero de 2010

UN MAL TEXTO, UN MAL RATO

Rastros en la espalda. En el marco de la puerta todavía se apreciaba la sangre fresca, eso notó el detective sordo que seguía el caso, ya eran muchos asesinatos que guardaba en su memoria. En el suelo libros abiertos con palabras encerradas en lapicero de tinta roja, las mismas que estaban escritas con sangre en las extremidades de la víctima. Sus zapatos de charol algo viejos, que los tenía desde que había pertenecido a la policía, se ensuciaron con una sustancia viscosa cuyo olor el conocía muy bien, y que todo hombre que no sea casto también. Era un cuarto demasiado pequeño, donde había cocina, baño y cama, muchos libros debajo del único mueble, por lo menos unos doscientos, lo primero que vio fue Moby Dick, El Proceso y Una Novela en Nueve Cartas, este último lo llevó a tener tal afinidad con la víctima, pues Fiodor era su favorito y con cautela tomó el libro, una pieza escasa, de muy poca circulación.

La cara de la víctima era poco reconocible, al parecer con un vidrio se habían encargado de destrozarla, eran figuras, un lenguaje inteligible, pensó en los Sumerios, sin saber por qué, mientras tanto lo único que deseaba hacer era leer lo que había hurtado, ese pequeño libro, que después de recorrer el mundo había encontrado en la habitación en que asesinaron a su esposa.

lunes, 25 de enero de 2010

DIVAGANDO

Cuando silba El Eterno
Un ejercito se prepara
¿Sabrán que los llaman?

miércoles, 20 de enero de 2010

REDACTANDO 5

Hay casa llena
Silencio atroz
El incendio no se pudo apagar.

redactando 4

Después de violar unas cuantas víctimas, el auditorio lloraba por su retórica del arrepentimiento.

REDACTANDO 3

Como buena presa del pánico, la pesadilla se desmoronó con el primer rayo de luz.

SIGO REDACTANDO

Un hilo de ira pasó por mi mente. Historias suicidas, que nunca me convencieron, todo se va para la mierda. Respiro.

martes, 19 de enero de 2010

REDACTANDO

Suicidio en la sala de redacción. Noticia de primera página. La competencia gana la primicia.

lunes, 4 de enero de 2010

Un averno eterno

Era una noche serena de verano, las cucarachas salían por todos los rincones de la casa, incluso algunas volaban. Amadeus estaba sentado frente al enorme pórtico que habría paso a la luz de la luna llena, mientras se mecía en una silla el piso crujía, la polilla había logrado hacer un buen trabajo en diez años de abandono, por la mente del joven, como fotografías, aparecían las imágenes de la noche de su fracaso. Diez años atrás en esa misma casa y en una noche muy parecida había recibido la revelación que cambiaría su vida para siempre.

¿Crees que me equivoqué? le preguntaba a su reflejo, que venía de un espejo lejano al interior de la casa, en el que desde ese día no lograba verse completo, a veces le faltaba un ojo, o media cara, una oreja, y demás partes de las cuales se había desprendido para siempre. El mutismo llenó la pieza, las cucarachas volaron cerca de su cabeza, los recuerdos en sepia, levantaban polvo en su memoria, recuerdos que había guardado ingenuamente para siempre. En la imagen, un tierno niño se introducía en el averno predicado por el Mashiaj hebreo, milagrosamente escapaba por la mano del que fue en el Bereshit, mientras un carbón encendido tocaba sus labios.

Se dio cuenta que había perdido todo el tiempo, como la joven abeja que no estuvo en la flor sino en espinos, el vago recuerdo de su rescate, lo llevó a entender que después de la redención debió morir, pero hoy estaba incompleto, pero vivo. En ese momento la casa se derrumbó y su reflejo mirando el desastre lo despidió del mundo de los sueños.