Rueda por las tablas de esa casa colonial la mujer que deseaba tanto. Rueda y él también rueda sobre ella. Dejan el olor a sexo por toda la casona, y yo, desde las rendijas de la ventana del frente, los veo. Besan. Chupan. Cogen. Muerden. Agarran. Trepan. Voltean. Disputan posiciones. Cruzo la puerta y saludo a mi hermano, que vestido me espera en la sala. Mi mujer me besa. A él le doy un fajo de billetes y se va. Lo
veré rodando otra vez el próximo viernes.
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