jueves, 21 de julio de 2011

El rito

Frente al círculo interminable, esa mujer de piel morena repetía letanías sin conciencia. Su voz ronca como un eco en una caverna, se rompía con leves sollozos que no terminaban de salir. El monje, con una daga en la mano se acercaba al cuerpo que estaba delimitado por el círculo. Le cortaría la garganta y calmaría su sed con la sangre. Ella, ahora, era parte de la legión.

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