lunes, 9 de agosto de 2010

Mal

La tarde, como nunca antes, está tan gris. Y el pasado, el que quisiera que estuviera aquí, es apenas el boceto de una pintura vieja que sólo yo recuerdo. De qué sirve pensar diferente, acaso para sentirse cada vez más solo. Por la vereda de mi vida han pasado tantas oportunidades de desenfreno que no tomé y aún así, en medio de esta soledad tan callada, no me arrepiento. Hay un pedazo de mí, una gran isla no descubierta, que me desconoce, que se asoma por la ventana y con asombro abre la boca, en señal de terror. Hay momentos en que soy tan frágil, y en esos momentos te podés ir y seguro sobreviviré, entendí que no soy más que una avenida, por donde, cuando se les da la gana, pasan carros de prueba. En el fondo del camino se apaga una vela, aún no sé bien que será, en su figura no descubro nada. Por mi rostro las lágrimas ya tienen carretera por la cual pasar, son tantas las razones de mi tristeza, que ni las conozco. Como diría Benedetti, estoy lleno de sombras, sombras que se camuflan con lo que hasta hoy ha sido mi vida, porque también como diría Borges, siempre estoy triste…

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