El reloj de pulso marcaba las 11:35 de la noche. Sobre la cama los dos cuerpos estaban desnudos y ninguno de los dos hablaba, ella sólo se cubría con una delgada manta, a él le sobraba hasta la piel en una noche de tanto calor. Ella estiró la mano hasta la mesa de noche y agarró un cigarrillo, lo prendió con toda la religiosidad del caso y se lo aspiró lentamente, mientras tanto él jugaba con el pelo de ella, olía a jazmines. De pronto él rompió el silencio con su secreto, el cual ella conocía muy bien, no la amaba, aún en sus recuerdos, en su corazón y en su cama estaba el fantasma de un pasado lejano. Pero ella también tenía otro secreto, no amaba a nadie.
2 comentarios:
OMG... por qué será que este cuadro es mas común de lo que todos quisiéramos???
Así es... que pereza...
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