La gata pequeña tenía un pequeño parecido con la miseria, su color negro no despertaba la superstición de nadie y sus ojos viejos lo único que decían era el silencio, como casi todos los gatos, que cuando uno los mira a los ojos entiende que hay un enorme vacío que no tiene alma y el cual nuca será saciado. Estoy en esta silla, y sí, aún pienso.
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