domingo, 1 de marzo de 2009

DESTINO

Esteban nunca fue un buen poeta. Todo hay que decirlo. Un día, de esos gris, de los que él frecuenta, y yo ya no deseo más, escribió el texto que lo consagraría. Ese que sólo una vez en la vida se nos cruza por las esquinas y una vez que se deja ir ya no hay vehículo que lo alcance, pero él no lo dejó ir, se aferró a él como a nada. El día no se puede decir, porque merece ser olvidado, pasaron demasiadas cosas, que tampoco son dignas de relatar. Toda la tarde trató de pasar a palabras lo que en ese andén (La inspiración nos sorprende donde menos pensamos y a veces pasa inadvertida) se había encontrado. Al terminar, guardó el pequeño cadáver donde acostumbraba. Salió a tomarse unas cervezas, había sido una tarde difícil, la inspiración no es gratis a veces trae amargura al corazón. Contaba con unas cuantas monedas, vendía poemas, lo vio en "el lado oscuro del corazón" así que al menos tres se tomaba. Era una noche fría. Llovía. En fin ese texto nunca será el mío, el frecuenta la coherencia y las buenas historias. Yo como diría alguien ahorro en palabras, solo suelto una que otra frase bonita y me coherencia, pues no es tan buena. Esteban esa noche se enamoró. Vendió su poema para mantener la mujer que embarazó.

3 comentarios:

El peregrino dijo...

Conclusión: Esteban merece morir. Hacer hijos es un crimen que un verdadero poeta no cometería. Ja, ja, ja.
Excelente entrada como siempre.
Saludos.

Julibelula dijo...

sorprendida...

Campanula dijo...

sin palabras