Estoy recordando mi primera conversación con Borges. Lo que me dijo en esa oportunidad está en mi mente con fuerte latencia. En un asomo de su ya cansada memoria, dijo “… uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”. Ese veredicto logró robarse toda mi atención y de igual forma mi tranquilidad. En primer lugar, el país mencionado no aparece en ningún anal geográfico del que tenga registro, sin embargo le creí sin objeción. Mas, después de unos segundos, recordé que su mente era inquieta y un tanto confusa. Además, él nunca, ni en sus años de juventud que se suponen son de lucidez, en Borges esa regla no se cumple sino que antes bien se invierte, no pudo separar la ficción de la realidad. Para él, y en este momento de igual forma para mi, gracias a sus numerosas charlas, son mundos totalmente paralelos que son divididos por esa prostituta absurda que llaman razón. El me cuestionó acerca de mi percepción de los espejos. No me aventuré a responder. Pero pensé y traje en forma de sueños a mi mente apreciaciones que los antiguos gnósticos dictaminaban sobre el tema. Una de ella se me arrojo con empellón, “es sólo una muestra subjetiva de un mundo que carece de objetividad”. Ese comentario arrojado por Mávade se encontraba con la conclusión de que los espejos eran el resultado de un error matemático.
Ahora, mi infancia vino eficazmente a dibujarme mi primera reflexión en cuanto a estos objetos-seres era que su argumento sólo era un sofisma y su visión risible. Irrisoria.
De pronto volví a escuchar su voz gastada por los años. Los peces, esos animales que ninguna señal tienen o aparentan, esos animales no son de agua, son de espejo. Esperan callados la rebelión. Son ilusión. Espera los defectos y lo veras.
De esa conversación ya 22 años. Siempre he esperado un salto del espejo. Nunca pasó. Pero hoy, un día que empezó siendo muy normal, sin sueño y pan, me levanté y me miré en el espejo, pero mi rostro se desvaneció. El reflejo no imitó a pie juntilla mis movimientos. Desaparecí. Y del otro lado. Peces.
2 comentarios:
Apreciado Dante:
¡Magnífica entrada! Digna de releer.
Lo primero que leí de Borges fue su "Historia de la eternidad"; después vino el Aleph, sus poemas...
Borges despertó en mí unas ganas inmensas de recorrer Buenos Aires, deseos que, hasta ahora, jamás se han apagado. Espero no morir sin ver el río de la Plata.
Con él nunca se sabe cuándo habla en serio o cuándo delira.
De nuevo lo digo: me ha gustado mucho.
¿Puedo enlazarte desde mi blog?
home Dan-t, gracias, ojala que le este llendo bien con todo por alla tambien, bueh saludos
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