Ahí estaban mis huesos. Inertes. Los podía ver como si no me pertenecieran, tan lejanos. Tuve miedo, lo reconozco, de que volvieran a mí. No hay más vida que ser el invertebrado que soy. Vivir de ideas, de sentimientos, de intangibles.
De pronto te vi tan completa, tan utópica, tan vos. Y yo aquí derramándome sobre esta acera, te miro desde abajo, mientras me pisoteas. Lloras sobre este charco de sangre que soy después del impacto que atravesó mis sienes.
2 comentarios:
Muy bueno.......muy triste, y desde mi perspectiva muy romantico, que bien escribes.
saludos, campa
DAniel cada vez estoy más cautivada con tus letras... espero poder leerlas mucho, mucho tiempo más.
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