miércoles, 29 de octubre de 2008

CATORCE DE NISÁN

En algunos momentos de la noche hay misterios que se dilatan con exceso. Aquí me dispongo a relatar lo que me sucedió en una pequeña aldea judía en el ya tardío crepúsculo catorce del mes de Nisán, fecha para los Hebreos poco relevante, pero para los seguidores de Cristo noche donde se fundamentó las bases de su ortodoxia, aunque la mayoría lo desconoce, porque de todas las religiones la más ignorante en su historia es la de los romanos. Pero eso es otro tema en el cual no quiero ahondar, porque para ser sincero los temas teológicos no me interesan.

Me había llevado a ese lugar un desborde de poeta sin futuro. Ramón Taba me propuso salir dizque a Europa, así que con mucho o con poco esfuerzo, no lo recuerdo bien, nos hicimos a unas monedas para llegar a Buenaventura y montarnos en un barco de carga, ahí escondiditos nomás, con poca reserva de comida, pero agua más bien lo suficiente, ropa como para tres días, pues había que ahorrar espacio. No puedo precisar cuánto duramos hacinados en ese lugar, recuerdo que muchas veces sentíamos nauseas, no sé si por el viaje o por no poder escribir, porque de todo lo que habíamos llevado no teníamos ni una hoja ni un mísero carboncillo. Nada.

Sentimos cuando encallamos y dispusimos la partida del barco, lo cual fue harto dificultoso, porque eran muchos (negros) los que se disponían a bajar las enormes cajas de la nave, así que a Ramón se le ocurrió la magnífica idea de que alzáramos una caja y así ser confundidos. De tal forma procedimos. Desde ese día tengo problemas en la columna vertebral. Después de bajar pudimos ver nuestro rostro, no sé cuantos días hacía que no miraba a mi compañero a la cara. El calor era insoportable. Y no parecía Portugal, donde pretendíamos llegar, porque lo que hablaban los nativos distaba mucho del idioma de dicha región.

Llevábamos, supongo yo, pues a precisión no lo sabía, 24 horas sin beber agua, así que vinimos a buscar el necesario, pero casi siempre despreciado líquido. Sin embargo Taba (no sabía lo que estaba por venir) quería conseguir una hoja y un lápiz, pues tenía muchos versos atrasados. Yo lo convencí de que por ahora era más importante el agua, por la alta temperatura del lugar. Accedió.


Después buscamos un lugar para descansar y también para dejar en la memoria de una hoja lo que en mente traíamos desde hace ya varios días. Entramos en una vieja librería que no inspiraba mucho (Parecía biblioteca de colegio, donde no hay nada, y nadie sabe nada) Un anciano nos saludó, le dimos a entender que no sabíamos el idioma, el supo que hablábamos español, y se desenvolvió a la perfección con el castellano, cosa bastante extraña para nosotros. También parecía foráneo, sin embargo no pregunté nada, hubiera sido demasiada la intromisión. Sabía lo que buscábamos. Libros. Eso nos ofreció, era lo único que tenía, leímos, los tres, hasta altas horas de la noche. El nos contó que era judío, pero que vivía allí hace muchos años, que extrañaba su tierra, y que todas las noches se le aparecía el Ángel del Dios de Abraham, Isaac y de Jacob, para llevarlo a Jerusalén tan sólo unos momentos, que nosotros lo veríamos. Nos pareció senil, ninguno de los dos pronunció palabra, el empezó a leer la Torah, libro bastante ajeno a nuestra cultura. Creo que nos quedábamos dormido, ahí en la librería, y de repente él hablaba en hebreo (eso creo) y de las paredes emergían palabras, letras, frases en el mismo idioma, Taba no podía hablar, pobre Ramón cobarde como siempre. Y en efecto un ángel a pareció, brillaba, lo más extraño que yo haya visto jamás, hablaba de el Mesías, Emmanuel, Jeshua, y entendí.

El Judío también era cristiano, de pronto ya no estábamos en la librería, sino recostados en un pozo, el de Jacob, dijo el anciano, espérenme, nos pidió que lo esperáramos. Volvió después de tres horas. Cuándo lo vi, estaba en la librería, espantado me quede. Dormí profundamente. Soñé con batallas y destinos, con piedras y con leyes, con inmundos y circuncisos. Tres días dormí dijo mi madre, cuando desperté sobre mi cama en Colombia, todo había sido un sueño. Los días pasaron y los poemas rejuvenecieron, ya no eran iguales, como de otra tierra, con Taba no me veía desde la última vez, en el sueño.

Ocho días después de la fantasía, llegó una carta a mi casa, sin remitente, era para mí. Decía: Era la noche del catorce de Nisán. Y los sueños son realidad, mientras el otro duerme, firmaba Jacob.
La noche del catorce de Nisán, noche en que Jesús, el desconocido, partió el pan y dijo…

2 comentarios:

Julibelula dijo...

Muy bueno... no puedo decir nada más que no suene fuera de lugar. Vos lográs sorprenderme

Princesa Guerrera dijo...

Valla, primer cuento largo en este pequeño universo, esta muy bueno.