jueves, 4 de septiembre de 2008

CUENTICO

Los zapatos brillaban, nada raro en él. Esa mañana su mamá los había lustrado perfectamente, eso no era problema para él, pero para su novia sí. Ya cumplía 38 años.

3 comentarios:

CarmenEly dijo...

super... te fluyo re bn...

Jenifer dijo...

La desgracia de los que esperan demasiado.

Julibelula dijo...

A mí me acaba de pasar algo muy parecido pero con unas medias... Intolerable esa vaina de mamás haciéndole cosas como esa a un hombre mayor de 15 años.