Estaba en esa esquina, como siempre. Ella me escupió en la cara, yo le envié un beso (que estúpido, ni que el aire condujera besos, o por lo menos las ondas hertzianas) Yo me quedé ahí sentado, menos mal no había nadie en el lugar, si hubieran estado le envío dos.
1 comentario:
Persistencia de morir a diario. La esquina tan absurda como las mismas palabras y los espectadores tan ausentes como la realidad.
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