Gusanos suben por mis pies, y yo inmóvil dentro del estuche que se me asigno ocho días atrás. La sangre no para de escapar. Hoy está más oscura que la primera vez.
Ya me acostumbré a este traje negro que me queda estrecho. A la cicatriz en mi cabeza. a el algodón andando por ahí. A los gusanos que salen y entran. Pero sigo luchando con el ataúd barato que me compraron.