martes, 9 de diciembre de 2008

EL ESTUCHE

No puedo respirar. La oscuridad lo llena todo. Esta cama nunca estuvo tan pesada ni tan estrecha. Hasta hoy no había sentido su olor a madera. Oigo sollozos. Y no puedo respirar.

Gusanos suben por mis pies, y yo inmóvil dentro del estuche que se me asigno ocho días atrás. La sangre no para de escapar. Hoy está más oscura que la primera vez.

Ya me acostumbré a este traje negro que me queda estrecho. A la cicatriz en mi cabeza. a el algodón andando por ahí. A los gusanos que salen y entran. Pero sigo luchando con el ataúd barato que me compraron.
  

IMPACTO

Ahí estaban mis huesos. Inertes. Los podía ver como si no me pertenecieran, tan lejanos. Tuve miedo, lo reconozco, de que volvieran a mí. No hay más vida que ser el invertebrado que soy. Vivir de ideas, de sentimientos, de intangibles.

De pronto te vi tan completa, tan utópica, tan vos. Y yo aquí derramándome sobre esta acera, te miro desde abajo, mientras me pisoteas. Lloras sobre este charco de sangre que soy después del impacto que atravesó mis sienes.